M. Ferrà. Rabat.
El confinamiento ha trastocado la celebración del Ramadán de principio a fin. Tras casi dos meses de confinamiento las autoridades marroquíes han anunciado tres semanas más de restricciones y será imposible celebrar el Eid al-Fitr, la fiesta que marca el final del mes sagrado, en la calle.
Las cifras de infectados en Marruecos quedan lejos de las de los países del norte del Mediterráneo. Actualmente hay más de 7.000 casos detectados y 194 fallecidos, según el Ministerio de Sanidad. La cifra que invita al optimismo es el incremento de personas que han recibido el alta, más de 4.000 hasta mediados de mayo. Los principales focos de infecciones son las poblaciones de Casablanca y Marrakech.
Desde el 20 de marzo solo está permitido salir a la calle para hacer la compra u otras actividades de primera necesidad, además, desde principios de abril es obligatorio el uso de mascarillas. Las estrictas restricciones han ido acompañadas de fuertes sanciones. Hasta el momento la policía ha arrestado a más de 80.000 personas que se enfrentan a multas e incluso a tres meses de cárcel, en los casos más extremos, según cifras del Ministerio del Interior.
Este año los rezos también han quedado confinados en casa. Muchos marroquíes echan de menos poder salir a pasear por la calle tras romper el ayuno, pero lo que más extrañan es que las puertas de las mezquitas estén cerradas desde mediados de marzo. Los templos son uno de los lugares de mayor afluencia durante el mes sagrado.
Otro de los pilares, no escritos, del Ramadán es la familia. Las llamadas al rezo desde lo alto de las mezquitas tras la puesta de sol es el aviso para reunirse alrededor de la mesa y romper el ayuno. Este año las restricciones complican o hacen imposible que muchas familias se puedan reunir. Las videollamadas se han sumado a las tradiciones del mes sagrado.
Miles de hogares se han quedado sin trabajo y sin ingresos. En Marruecos, como sucede en otros países del Magreb, la economía informal (sin contrato ni seguridad social) es vital para el sustento de millones de personas. Estas actividades, como por ejemplo vender en los mercados, han sido de las más perjudicadas por las restricciones.
Golpe al turismo en Marruecos y Túnez
El turismo también ha desaparecido en el país. Muchos alojamientos y hoteles de la turística Marrakech han bajado la barrera. El sector da por perdida la temporada alta de primavera y confían que a finales de verano u otoño poco a poco los turistas vuelvan, pero se muestran escépticos. Este sector representa el 8% del PIB del país, según cifras oficiales, y es un motor importante de ocupación.
Túnez, otra de las grandes potencias turísticas del norte del continente africano, registra unas bajas cifras de infecciones en su territorio, pero los efectos económicos son preocupantes. «Hemos pasado por otras crisis antes. Hubo la Guerra del Golfo, los ataques terroristas, pero no fue un cese total y brutal de la actividad,” relata Houssem Ben Azouz, presidente de la Federación Interprofesional de Turismo en Túnez, en declaraciones a France 24.
Tras una rápida reacción y fuertes restricciones, Túnez ha logrado contener la epidemia y reducir los nuevos casos de coronavirus. Según cifras oficiales hay poco más de 1.000 infectados y 47 personas han muerto. Si no hay nuevos brotes, las autoridades esperan que el país se pueda reactivar por completo a mediados de junio, lo que es seguro es que la llegada de turistas extranjeros va a necesitar más tiempo.
Preocupación en Argelia por la caída de los precios del petróleo
Argelia es el país del Magreb que ha registrado más muertes por la pandemia, un total de 555 hasta la segunda semana de mayo, además hay un total de 7.568 infectados. Las restricciones y el confinamiento siguen marcando el día a día del país, también lo marcan las preocupaciones por el futuro económico.
Haizam Amirah Fernández, investigador principal del Real Instituto Elcano, explica en un reciente artículo que “el panorama que se presenta en Argelia durante los próximos años no es nada tranquilizador”, explica que la “previsible caída de ingresos, junto con el inquietante descenso de las reservas de divisas”, complica el futuro del país. El descenso de los precios del petróleo y el gas supone un revés importante para el país, ya que su economía depende prácticamente en exclusiva de la exportación de estos hidrocarburos.
A la crisis sanitaria y económica se suma la crisis institucional. Hace más de un año semanalmente hay movilizaciones en la calle para reclamar la dimisión de las personas que hace décadas que ocupan el poder e iniciar una transición hacía una “segunda república”, como lo califican muchos manifestantes. Con el estado de emergencia las autoridades prohibieron las movilizaciones, pero tan pronto como se levanten las restricciones -coinciden analistas y periodistas- las marchas van a volver a las calles.
Amirah Fernández añade que el actual presidente del país, Abdelmayid Tebbún, fue elegido a mediados de diciembre en unas “dudosas elecciones” y añade que su legitimidad y capital político “no parecen lo suficientemente sólidos para la etapa que previsiblemente se avecina”.
Además, los manifestantes y activistas están preocupados porque consideran que el Gobierno está aprovechando las restricciones provocadas por la pandemia para intentar recuperar el control de la calle. También denuncian que durante el estado de alarma el Estado ha continuado juzgando a activistas.
Amnistía Internacional apunta que entre principios de marzo y mediados de abril fueron citados una veintena de activistas para ser interrogados o arrestados. La organizaciones pro-derechos humanos también apuntan a un “hostigamiento” de los medios de comunicación y periodistas. “Aparentemente, las autoridades argelinas están aprovechando la crisis de Covid-19 para tratar de sofocar definitivamente las protestas prodemocráticas”, crítica también la organización Human Right Watch.

